domingo, noviembre 09, 2008

Principios Invertidos o Un Crimen es un Crimen

como aquí, a fuerza de que nos digan que
hablar de Derechos Humanos
es casi casi tener una mentalidad
que linda con el terrorismo,
hemos terminado con los principios invertidos
… resulta espeluznante pensar que tendremos que sobrevivir
a la presidencia de un individuo que nos exige cumplir
con la Declaración Universal de Los Derechos Humanos.



Lo que ha ocurrido en la Jinca Colombia respecto a la violencia, el irrespeto a la vida y cositas así, desde mediados del siglo XX hasta la fecha, es tan demencial que tenemos los principios invertidos. De ahí que el triunfo de Barak Obama haya desatado el pánico en muchos habitantes de la Jinca. Pánico porque consideran que con el nuevo líder mundial nos va a ir mal.

“Nos va a ir muy mal con ese tipo, ¡qué vaina!” —dicen sin sonrojarse— quienes lamentan el triunfo de Obama, porque según parece el nuevo Gran Patrón demanda el respeto y aplicación de los Derechos Humanos como condición fundamental para apoyar a cualquier país. En ese sentido ha dicho que mientras en Colombia se sigan asesinando sindicalistas no negociará el TLC y, según parece, tomará otras mediditas respecto a la Jinca que no son del agrado del Patrón y sus seguidores.

Lo increíble del asunto es que asesinar sindicalistas no es un delito inventado por Obama ni mucho menos una condición sacada de sus negros y chutos cabellos, es un hecho considerado desde 1948 como violación al numeral cuarto del artículo 23 de la Declaración Universal de los Derechos humanos, donde se decreta que “toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses”. Mejor dicho, matar sindicalistas no tiene perdón de Dios ni de los hombres.

Pero como aquí, a fuerza de que nos digan que hablar de Derechos Humanos es casi casi tener una mentalidad que linda con el terrorismo, hemos terminado con los principios invertidos —al punto que aceptamos lo bueno como malo y lo negro como blanco—, resulta espeluznante pensar que tendremos que sobrevivir a la presidencia de un individuo que nos exige cumplir con la Declaración Universal de Los Derechos Humanos.

Sobrevivir, dice Sumercé, porque la Jinca para enfrentar el conflicto armado (que no existe según el Patrón), depende en mucho de la platica y el respaldo que el nuevo presidente de los Estados Unidos nos dé pa estos y otros menesteres. Razón que llevó a los seguidores del Patrón a salir corriendo a explicarle al tipo —cuando apenas era candidato y proclamó que de llegar a ser presidente no negociaría un TLC con la Jinca mientras se siguieran asesinando sindicalistas—, que, ah, tampoco era para tanto. Que aquí ya no se acribillaban sindicalistas en manada como antes de que llegara nuestro santo Patrón a regir los destinos de la paaaaaatria.

Seguidores del Patrón, como Alfredo Rangel, manifestaron que su afirmación (la de Obama) demostraba “un absoluto desconocimiento de la forma como ha venido mejorando la situación de los derechos humanos en nuestro país y, en particular, la de los mismos sindicalistas.” Y acto seguido comenzaron a sacar cuentas (que en volver numeritos a los habitantes de esta Jinca son expertos) para que Obama entendiera que “En el año 2001, antes del gobierno de Uribe, hubo en Colombia 213 sindicalistas asesinados… Para el año 2006, en el gobierno Uribe, esa cifra se había reducido a 60 homicidios y en 2007 bajó a 26, es decir, una cifra ocho veces menor que antes de este gobierno.”

Además, como uno con esa gente nunca sabe si entienden clarito las cosas, le precisó que según la Fiscalía “en contravía de lo que afirmó Obama sobre el carácter sistemático de los asesinatos contra los sindicalistas… la gran mayoría de las muertes de sindicalistas ocurridas el año pasado no está relacionada con motivos políticos ni con el vínculo de las víctimas con los sindicatos, sino con razones de delincuencia común, como atracos, disputas pasionales y otras distintas a las políticas.”

Lo que significa, explica Sumercé pa los que tienen la cabeza dura e insisten en dudar del asunto:
1. Que Obama no tenía ni idea de lo bien que van las cosas por aquí.
2. Que ahora se asesinan poquiticos sindicalistas
3. Que, además de poquitos, no los matan por sindicalistas, sino por pendejos. Pues cuando no se enredan en un lío de sábanas que los conduce a la muerte, dan papaya y se dejan atracar o matar por un delincuente menor.

Por último el señor Rangel afirmó: “suscitan muchas sospechas la falta de objetividad y el sesgo ideológico de quienes lo asesoran en estos temas.” ¡Carajo!, ¿ahora va a resultar que los asesores de Obama también son terroristas?, se preguntó Sumercé y remató con un, noooo… ¡que miedo!, que le salía del alma. Pero la cosa siguió y otros incondicionales del Patrón sacaron una cantidad de cuentas con las que se concluía que no había nada más seguro en la vida de cualquier colombiano que ser sindicalista en la Jinca.

El problema es que los asesores de Obama, esos que al señor Rangel le suscitan sospechas, debían conocer las denuncias de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) donde afirmaban que “El dirigente sindical ALEXANDER BLANCO RODRIGEZ fue asesinado el martes 26 de agosto del presente año en el municipio de Cantagallo aproximadamente a las 10:00 de la noche por sicarios… y que con su crimen hasta el momento hemos perdido en el presente año 41 sindicalistas entre dirigentes y afiliados a la Central Unitaria de Trabajadores”.

Cuarenta y uno dice la CUT, tres, cuatro, dirán los adeptos del gobierno, eso es lo de menos para los “sospechosos” asesores de Obama y pa el mismo Obama, porque ellos estiman que el asesinato de un sindicalista a manos de sicarios es razón suficiente pa no firmar el TLC con la Jinca y cortarle un resto de servicios.

Un crimen, me perdonan, es un crimen. Es posible que en la Jinca, donde nos han acostumbrado a que sólo cuando se trata de 30 ó 40 muertos el asesinato sea noticia, consideremos que no hay que ponerle tanto misterio al homicidio de un par de sindicalistas, pero en otros lados no. Quitarle la vida a una persona (así aquí nos parezca normalito) es un crimen y la Declaración Universal de Los Derechos Humanos es enfática al afirmar que “todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”, por tanto, matar a alguien es violar un Derecho Humano.

Y si se trata de una persona que, además, es sindicalista, estamos hablando de violar dos derechos humanos. Pero si a eso le sumamos la posibilidad de que el asesinato se haya cometido por su condición de sindicalista, se violarían tres derechos fundamentales, porque también se incluiría el artículo 19 de la Declaración donde se advierte que “todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.”

Así pues que quienes expresan su temor de que con este tipo (Obama) nos va a ir más mal que a los perros en misa, bien podrían entrar a revisar esos principios que tienen invertidos por vivir en una Jinca donde a fuerza de hacernos ver los asesinatos, desplazamientos, falsos positivos y etc., como sucesos normalitos, nos parece el colmo que alguien, con poder, exija que cesen los crímenes contra los sindicalistas. Porque, contrario al panorama negro que ven, la verdad es que si Obama mantiene su posición, lo que nos va a ir es muy bien.

Nos irá muy bien porque al fin convertiremos los Derechos Humanos en algo fundamental para nuestra existencia y, quién sabe, hasta puede llegar el día en que consideremos el homicidio de un ser humano como un hecho inhumano que consiga escandalizarnos.

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Para terminar de Ilustrar las cosas aquí va el video de Caracol, donde se muestra cómo es el diálogo con los sindicatos y qué es lo primero que le dirá el presidente Uribe a Obama cuando hablen de este temita.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Me encantó sumercé! Aleja